domingo, 12 de enero de 2014

Acuicultura y aves marinas

En esta entrada queremos tratar otro de los problemas al que se enfrentan las aves marinas en el mar al interaccionar con las actividades humanas: los accidentes mortales en las granjas de acuicultura.  Toni Mulet, licenciado en Ciencias Ambientales en la Universidad Politécnica de Valencia, nos presenta los resultados obtenidos en el seguimiento de diversas granjas localizadas en la localidad de Sagunto (Valencia). Su trabajo muestra la importancia de estos accidentes sobre algunas especies de aves y plantea posibles soluciones para reducir esta mortalidad.


Hace poco más de dos décadas, al menos en aguas del País Valencià, surgió la acuicultura en aguas abiertas anunciándose, de forma discutible, como un nuevo sector alternativo a la pesca tradicional. Desde entonces esta industria, dedicada principalmente al engorde de dorada y lubina, se ha consolidado en la comunidad autónoma, encabezando la producción de dorada en España en 2011.

Las especies de aves más oportunistas han encontrado en la acuicultura una nueva fuente de recursos explotable, ya sea como área de alimentación o simplemente como zona de descanso donde eludir depredadores y disturbios humanos.


 
Diferentes especies de aves en plena interacción con las piscifactorías.


Pero esta oferta de recursos no es gratuita ya que las empresas pueden tener pérdidas debido a los daños sobre la producción. En Gran Bretaña se estimó que los cormoranes pueden ingerir entre el 17 y el 26% de su peso, lo que significa una media de entre 340 y 520 g de pescado por individuo y día. Un ejemplo más cercano lo constituyen las pérdidas de en torno al 66% de la producción de peces en las Salinas de Santa Pola (Alicante) durante la invernada del Cormorán grande en 1995-96. El dispositivo más extendido y efectivo para evitar estos daños en mar abierto son las llamadas redes “antipájaros”, unas mallas que cubren la superficie de la jaula para impedir el acceso a las aves.

Diversos estudios advierten que esta actividad no resulta inocua para el medio marino y las aves, atraídas por las concentraciones de peces, tampoco escapan al impacto de esta surgente industria. Como se ha documentado, las redes anti-pájaros son responsables de una alta mortalidad de aves que, debido a su carácter ictiófago, quedan atrapadas en las propias redes o dentro de las jaulas al intentar acceder a los peces, muriendo la mayoría por deshidratación, agotamiento o ahogamiento.



Algunos de los incidentes con las aves relacionados con las redes “antipájaros”.


Para tratar de estudiar y cuantificar estos daños se llevaron a cabo visitas mensuales a las granjas de acuicultura de Sagunto desde febrero de 2012 y durante un año con motivo de mi proyecto de fin de carrera, y los resultados fueron los siguientes.

Se detectó un total de 14 especies relacionadas con la actividad y pertenecientes a 8 familias, con predominio del género Charadriiformes. A continuación se muestra una lista con las especies detectadas aunque no todas se observaron predando sobre los peces (algunas como el Paiño europeo, el Vuelvepiedras común y muy a menudo la Gaviota reidora se alimentaban de los granos de pienso suministrados a los peces):
 

- Paiño europeo (Hydrobates pelagicus)

- Alcatraz atlántico (Morus bassanus)

- Cormorán grande (Phalacrocorax carbo)

- Garceta grande (Casmerodius albus)

- Garza real (Ardea cinérea)

- Vuelvepiedras común (Arenaria interpres)

- Gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus)

- Gaviota picofina (Chroicocephalus genei)

- Gaviota cabecinegra (Ichthyaetus melanocephalus)

- Gaviota patiamarilla (Larus michaellis)

- Gaviota de Audouin (Larus audouinii)

- Charrán patinegro (Sterna sandvicensis)

- Charrán común (Sterna hirundo)


En la tabla 1 se puede comprobar la magnitud del problema, con un total de 223 incidentes detectados durante el periodo de estudio y que afectaron a 7 de las 14 especies detectadas. Con diferencia el Cormorán grande fue el principal protagonista siendo afectado en el 72% de los casos. Generalmente las aves que protagonizaron estos incidentes murieron, exceptuando algunos casos en que consiguieron escapar gracias a nuestra ayuda o a pescadores algo más concienciados que trataban de liberar las aves enmalladas y las que quedaban atrapadas en el interior tras abrir las redes.



Tabla 1: Número de incidencias parciales y totales por especie y por mes.


Los datos de mortalidad aproximada aportadas por un trabajador desde la primavera de 2011 hasta mayo de 2012 arrojan cifras alarmantes de entre 10 y 40 cormoranes al día y entre 2 y 8 garzas al día en invierno.
 
El uso de torres centrales para alejar las redes de la superficie del agua, un cierre hermético y el correcto tensado de las redes anti-pájaros en todas las jaulas reduciría de forma considerable el número de aves enmalladas y atrapadas en su interior.



Toni Mulet Ferrer